Sábado, 16 Septiembre 2017 20:00

¿Por qué funciona la Pedagogía Waldorf desde una perspectiva neurocientífica?

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Qué la Pedagogía Waldorf funcione tiene mucho que ver en la forma en que el cerebro se desarrolla y funciona de manera óptima, algo que Rudolf Steiner nunca podría haber sabido.

Sin embargo Steiner desarrolló varias suposiciones sobre el desarrollo de los niños, las cuales quedaron implícitas o explicitas en esta Pedagogía casi centenaria:

1. El niño madura gradualmente, pasando por etapas discretas de desarrollo, y alcanza su plena madurez a la edad de 21 años o posteriormente.

2. El desarrollo del cerebro del niño tiene mucho que ver con la forma en que es utilizado por el propio niño.

3. El juego libre es crucial para el desarrollo saludable del niño pequeños y para el desarrollo de capacidades posteriores.

4. El arte es vital para el desarrollo saludable del niño.

5. El sueño es una parte integral del proceso de aprendizaje.

En 1919 y años posteriores, estas ideas recibieron poca aceptación por la psicología convencional. La opinión dominante era, y lo sigue siendo en muchos ámbitos, que el cerebro es “cableado” según la herencia y las experiencias muy tempranas. Se consideraba que los niños eran adultos en miniatura en los que el juego y las artes tenía una importancia secundaria en la educación. Éstas eran actividades que debían sacrificarse en el interés de una formación académica temprana e intensa.

A día de hoy podemos afirmar que Steiner teorizó, convincentemente, sobre como los niños pueden aprender “mejor”. Esta certeza ha sido posible gracias a los avances cientifico tecnológicos en la realización de los estudios cerebrales. El conjunto abrumador de los resultados obtenidos en investigación neurocientífica, durante los últimos 20 años, apoya las teorías de Steiner, incluyendo muchos de los puntos fundamentales de la Pedagogía Waldorf.

 

Desarrollo cerebral

A partir de la década de 1990, las nuevas tecnologías, en particular la Resonancia Magnética Funcional (RMF), han permitido estudiar y seguir los patrones electromagnéticos del cerebro cuando una persona realiza diferentes actividades. El creciente número de investigaciones sobre el funcionamiento del cerebro ha servido para anular convencionalismos sobre el desarrollo y funcionamiento del cerebro. Ideas que habían guiado a los profesionales de la psiquiatría infantil, la educación y en las que se basaban los tratamientos de las personas con daños cerebrales.

Utilizando RMF se ha demostrado recientemente que nuestro cerebro no alcanza su maduración completa hasta el inicio de la veintena. La investigación de la Dra. Regalia Melrose, Psicóloga infantil, indica que el cerebro madura gradualmente desde los lóbulos más primitivos a los lóbulos cognitivos superiores. Este desarrollo de nuestro cerebro hasta alcanzar su estadio más elevada se logra con el tiempo, el uso, la experiencia y la construcción de caminos neuronales.

1. Al nacer, el bebé humano, utiliza poco más que su tronco encefálico, el cual sólo entiende el lenguaje de las sensaciones.

2. Alrededor de los tres meses comienza a hacer uso del sistema límbico en desarrollo, proporcionando la capacidad de procesar sensaciones a través de sentimientos.

3. Es alrededor de los nueves meses cuando se ha desarrollado el Neocórtex por lo que el lenguaje puede ser comprendido como tal.

Este desarrollo jerárquico del cerebro en los primeros nueve meses, del querer al sentir y posteriormente al pensar, es un espejo del desarrollo posterior del cerebro durante las dos primeras décadas de vida. En los primeros años la función de la voluntad, del movimiento y del hacer son primordiales. En el periodo pre-adolescente (ocho a catorce) la vida es dominada por los sentimientos. De los quince a los veintiuno, la función intelectual del cerebro se vuelve mucho más activa. La correlación de estas etapas del desarrollo del cerebro con el plan de estudios Waldorf y el desarrollo por septenios es sorprendente.

De esta forma, a la vez que el cerebro se desarrollo en tres fases también se ven reflejadas en el desarrollo del niño. Estas fases del desarrollo muestran como experimenta el mundo y como aprende, principalmente a través del querer al principio, luego del sentir y finalmente del pensar.

Con esta visión del desarrollo cerebral queda claro que no podemos tratar o hablar a los niños como si fueran adultos, con facultades racionales completamente desarrolladas, sólo por que puedan hablarnos de una forma aparentemente adulta.

El enfoque de Steiner para la educación era holístico. Fue capaz de reconocer que nuestros sentidos, sentimientos y cogniciones deben estar activamente comprometidos en cada etapa del desarrollo para que los estudiantes mantengan, a largo plazo, una alegría y amor por el aprendizaje. Los educadores Waldorf, al contrario que modelos educativos convencionales, no sobre-valoran el desarrollo del neocórtex ni las capacidades del hemisferio izquierdo, "responsable" del pensar. No excluyen el hemisferio cerebral derecho, “responsable” del sentir. Tampoco someten a sus alumnos, demasiado jóvenes y sin el desarrollo cerebral adecuado, a esfuerzos puramente académicos. En su lugar, lo que los educadores Waldorf hacen con éxito es involucrar y nutrir los sentidos, activando las diferentes partes del cerebro, las cuales son fácilmente accesibles por los pequeños. Con esta forma de trabajar potencian las conexiones neuronales necesarias para el aprendizaje académico posterior.

Investigaciones recientes también indican que nuestros cerebros se están rejuveneciendo constantemente, construyendo nuevos caminos que, a su vez, hacen posibles nuevos niveles de compresión. De esta forma como un adulto, y un niño, utilicen su cerebro altera significativamente su estructura neuronal y su desarrollo.

 

La importancia del Juego

En el momento en que un niño comienza en el Jardín de infancia Waldorf es animado a jugar con una gran variedad de materiales y entornos durante toda la jornada escolar. Steiner sabía que el juego es una base invaluable para cualquier tipo de crecimiento humano saludable, incluyendo el progreso académico. Pero no vale cualquier tipo de juego, se trata del juego libre no estructurado.

El Dr. David Elkind lo denomina como: “La forma más pura de juego: el tipo no estructurado, espontáneo, auto motivado, imaginativo e independiente, donde los niños comienzan sus propios juegos e incluso inventan sus propias reglas”. Por desgracia, nos advierte, este tipo de juego está desapareciendo de nuestros hogares, escuelas y vecindarios a un ritmo alarmante, con un gran costo para la salud, el bienestar y el desarrollo de nuestros hijos.

Numerosos estudios han demostrado que el juego en cada etapa del desarrollo mejora el Coeficiente Intelectual, el desempeño socio-emocional, el aprendizaje y el rendimiento académico. Uno de estos estudios, realizados durante un periodo de 4 años por el Dr. Elkind, demostró que “invertir” un tercio de la jornada escolar en educación física, arte y música mejoran, no sólo el estado físico, sino la actitud hacia el aprendizaje y los resultados de este. Además, al comparar el rendimiento de los niños que asistieron a preescolares académicos con los que asistieron a preescolares orientados al juego, los resultados no mostraron ninguna ventaja en la adquisición de la lectura y las matemáticas para los “niños académicos”. Si se demostró que estos presentaban mayores niveles de ansiedad ante la prueba, eran menos creativos y tenían más actitudes negativas hacia la escuela que los “niños de juego”.

El juego tiene la capacidad de activar todo el cerebro, incluyendo los lóbulos frontales; también favorece la construcción de nuevas vías neuronales. Tiene la capacidad de estimular la Mielinización: este es el proceso mediante el cual las vías neuronales y las conexión se hacen permanentes al ser recubiertas con mielina. Este es un proceso importante en la maduración cerebral.

El juego libre también involucra y desarrolla la imaginación y la capacidad de tomar decisiones en el niño. Además, y esto ha sido una sorpresa para muchos expertos, las investigaciones indican que el juego libre y auto-dirigido cultiva la función ejecutiva en niños muy jóvenes. La función ejecutiva permite a una persona formular un plan, las metas a alcanzar, la toma de decisiones, ajustarse a metas cambiantes y proporciona la capacidad de evaluar si estas metas se han logrado o no.

 

Arte

En 2008 la Fundación Dana anunció los resultados de una investigación de tres años de duración, en niños de cuatro a siete años, en la que se demostró, a través de estudios cerebrales mediante técnicas de imagen (DTI), que la actividad artística, tales como la música, las artes visuales del dibujo y la pintura, la danza,.. “ilumina” todo el cerebro, incluyendo lo más importante, los lóbulos pre-frontales. En estos lóbulos es donde se cultiva la creatividad, las ideas y la función ejecutiva. También se comprobó que la realización de estas actividades y el contacto con la naturaleza estimulan los niveles de mielinización.

Resulta sorprendente comprobar, mediante DTI, que todas las partes del cerebro se activan y son estimuladas cuando las artes se unen "fuertemente" a todos los aspectos de la educación. Es cierto que, bajo el efecto de actividades educativas comunes o convencionales en las que el alumno adopta una actitud pasiva, diversas partes del cerebro también se activan,  pero nunca involucrando los lóbulos pre-frontales o la corteza frontal, como si ocurre al utilizar las actividades artísticas.

Se ha demostrado también que la actividad imaginativa es un estimulador de todo el cerebro, construyéndose redes neuronales en todas las partes del mismo mediante la práctica. Por lo tanto, para lograr el máximo desarrollo de las vías neuronales el trabajo imaginativo debe ser incluido en el aprendizaje.

También y según la investigación de la Dr. Elizabeth Spelke, Psicóloga cognitiva, los niños que tocan un instrumento musical son más capaces de comprender y aplicar conceptos matemáticos complejos que aquellos niños que no lo hacen.

 

Dormir

Tenemos la certeza científica de que la mayor parte del proceso madurativo del cerebro ocurre durante el sueño. Los niños se educan durante el sueño a través de la “digestión” del aprendizaje, no durante el aprendizaje mismo. El sueño promueve el crecimiento de las vías neuronales, incluyendo las utilizadas para el pensamiento y la memoria. Durante el sueño el cerebro elimina las vías que no se están utilizando. También permite la construcción de la mielina con la que se logra la maduración del cerebro, como se ha explicado anteriormente.

 

 

Los educadores Waldorf pueden verse impulsados ​por estas investigaciones y pueden sentir que finalmente están siendo reivindicados. Sin embargo el mundo fuera de la Educación Waldorf puede no entender estas evidencias de la misma manera.

Las formas de pensar largamente establecidas son difíciles de cambiar. Para ello, los educadores Waldorf deben desarrollar puentes desde esa forma de pensar más antigua a una nueva forma, usando la investigación disponible para iluminar un camino hacia el enfoque de la Pedagogía Waldorf. La Pedagogía Waldorf deben considerarse como un apoyo al desarrollo del niño en consonancia con la investigación actual.

 

Fuentes utilizadas para la realización de este artículo:

Not so Strange after All - Neuroscience Catches Up with Rudolf Steiner and Waldorf Education, By Douglas Gerwin and Patrice Maynard

Why Waldorf Works: From a Neuroscientific Perspective, By Dr. Regalena “Reggie” Melrose

 

teamingweb

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